Mientras vivía, Vincent Van Gogh vendió solo tres pinturas; pero hoy en día sus obras valen millones.
Por Víctor Herrada Bazán. 30 marzo, 2026. Publicado en diario Correo, el 28 de marzo de 2026¿Qué cambió? No fueron sus cuadros, sino el mundo que los miraba. Y es que el valor de un bien no es algo fijo ni siempre inmediato. Es más bien una construcción social y económica.
En vida, Van Gogh era un “activo infravalorado”. Su pintura era demasiado innovadora para su época, el público no la entendía, los críticos no la valoraban y el mercado no la demandaba. Aunque tenía valor potencial, aún no encontraba su precio.
El giro se produjo gracias a Johanna Van Gogh-Bonger, cuñada de Vincent, quien heredó su obra y la gestionó con inteligencia. Así, organizó exposiciones, controló la venta de cuadros, difundió sus cartas y construyó una narrativa de “genio incomprendido” que terminó siendo poderosa.
En paralelo, el gusto artístico de la época fue cambiando y surgieron movimientos como el expresionismo, que valoraban lo que antes parecía raro: la emoción, el color intenso y la subjetividad. En ese contexto, el mercado “descubre” a Van Gogh.
Este fenómeno no es exclusivo del arte; ocurre también en el mundo empresarial. Muchas empresas innovadoras son incomprendidas y subvaloradas en sus inicios. Sus acciones valen poco, no porque no tengan potencial, sino porque el mercado aún no entiende su modelo de negocio; pero cuando llega información o se produce un cambio en las expectativas, se genera confianza y su valor se dispara.
En ambos casos, el proceso es similar. Primero, hay incertidumbre y desconocimiento; luego, aparecen intermediarios que explican, organizan y generan confianza; y, finalmente, el mercado reconoce el valor y ajusta el precio.
La lección de todo esto es que el precio de un bien no siempre refleja el valor real, sino el nivel de comprensión que el mercado tiene sobre ese bien. Van Gogh no se volvió valioso después de morir: siempre lo fue. Lo que pasó, sencillamente, es que el mundo tardó en darse cuenta.








